Cómo educar las emociones

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Norberto Cuartero Requejo

La educación emocional es un tema, en principio, complejo. Por ello vamos a estructurar esta charla en varios niveles: en primer lugar nos referiremos a lo que significa EDUCACIÓN, luego haremos algunas consideraciones sobre la PERSONALIDAD y la CONDUCTA, a continuación consideraremos la INTELIGENCIA EMOCIONAL y, finalmente, iniciaremos el recorrido por las EMOCIONES.

1 La educación

Para conocer el fenómeno educativo con precisión atenderemos, simultáneamente, a los significados vulgar y etimológico de la educación

En el primer caso, la educación se concibe como “una cualidad adquirida, en virtud de la cual una persona se adapta en sus modales externos a determinados usos sociales”. Esta apreciación se ve reforzada por la relación que tiene educación con urbanidad (grupo social de la urbe frente al hombre aislado del campo) y cortesía (modo de tratar los que viven en la corte), de ahí que, con frecuencia,  interpretemos que «una persona educada» es aquella que sabe comportarse con urbanidad, cortésmente. Desde este punto de vista la educación la concebimos como algo adquirido por influjo externo, es decir, como el “resultado de un proceso que termina en la posesión de determinadas formas de comportamiento social”. Este aspecto externo le confiere a la educación un carácter superficial.  Así, vulgarmente decimos que es “un niño bien educado” a aquel que es capaz de saludar, que tal vez utiliza formas de cortesía correctas o refinadas, y hablamos de “una persona educada” refiriéndonos a la que externamente se comporta con corrección, aunque esta persona sea malvada en su interior, o que ese niño sea un caprichoso incapaz de dominarse.

Etimológicamente educar  significa «conducir» (educare), llevar a una persona de una situación a otra, y también, «sacar de», «extraer» (educere), sacar algo de dentro de la persona. La noción etimológica nos aporta dos aspectos nuevos: no se trata de un resultado, como en el concepto vulgar, sino de un proceso y no se queda en la mera superficialidad de lo vulgar, sino que hace referencia a una interioridad, a la situación interior de la persona.

El concepto vulgar de la educación nos lleva a la perspectiva sociológica, la del influjo de la sociedad sobre la persona, y el concepto etimológico nos plantea una noción individualista del proceso educativo. Es decir, la educación es un fenómeno, en primer lugar, individual; pero después viene la trascendencia o la manifestación social de la educación. En ambos casos, la educación representa una modificación de la persona; modificación que sólo tiene sentido si significa el perfeccionamiento de la persona, el camino hacia la excelencia.

Por otra parte, la educación es acción y es efecto. Y los efectos de toda acción se manifiestan en la aparición de nuevos seres o nuevas formas. La educación no crea nuevos seres, actúa sobre un ser que ya existe con anterioridad al proceso educativo; actúa sobre la persona. Por consiguiente, los efectos del proceso educativo no están en la aparición de nuevos seres, sino que están en la aparición de nuevas formas, de nuevos modos de ser en la persona.

En resumen: la educación tiene por objeto el perfeccionamiento intencional de las potencias específicamente humanas. No obstante, el hecho de sintetizar en una definición lo que la educación es, no debe hacernos olvidar la extraordinaria complejidad del proceso educativo, dado qué alcanza a todas las manifestaciones de la vida humana. Incluso se puede entender la educación como una forma de vida que prepara un modo de vivir más perfecto. Esta complejidad se pone de manifiesto cuando consideramos las distintas implicaciones de la educación, como son: la educación personalizada que se ocupa del desarrollo de la persona, la educación esencial que procura la perfección de todas las manifestaciones de la naturaleza humana y se ocupa de la actualización operativa de la cultura y la educación existencial que pretende la capacitación para responder a todas las exigencias de la vida, es decir, la humanización de la vida.

De tal manera que conseguiríamos el desarrollo integral de la persona como objetivo supremo gracias a la educación, pero según lo que acabamos de ver, la educación se tiene que apoyar en un desarrollo cognitivo y en un desarrollo emocional. Muchas veces sacrificamos uno en función del otro, y esa educación empieza a cojear. Generalmente prestamos mucha atención a los desarrollos cognitivos y no tenemos en cuenta el desarrollo emocional. Así pues, el desarrollo emocional es una de las bases fundamentales de la educación.

DESARROLLO COGNITIVO + DESARROLLO EMOCIONAL  EDUCACIÓN → DESARROLLO INTEGRAL DE LA PERSONA

2 Personalidad y conducta

Existen muchas definiciones de personalidad. Por ejemplo el profesor Rey Ardid se refiere a la personalidad como “el fondo estructural y dinámico, perenne y propio de cada individuo en el que intervienen como componentes principales, la constitución somática, los instintos y las tendencias, la afectividad, la voluntad, la inteligencia, la escala de valores y también, de modo indirecto pero evidente, todo aquello que rodea al hombre”.

 

Esta definición es precisa, pero poco operativas para el fin que nos proponemos aquí. Para manejar mejor este concepto vamos a recurrir a un modelo proactivo  que nos facilitará enormemente la comprensión de los diferentes términos que vamos a ir empleando.

Las personas pensamos (P) y sentimos (S) y los pensamientos y sentimientos no son aspectos separados sino que van siempre unidos, se influyen mutuamente, es decir, lo que pensamos en un momento determinado se asocia a determinados sentimientos y viceversa (aunque con frecuencia no seamos conscientes de esta correlación, sobre todo cuando las emociones son de baja intensidad).

Cuando desde el entorno recibimos un estímulo real o virtual (situación, estado fisiológico o estado mental -fantasía, recuerdo, grabación, sueño, …-) se genera una respuesta. Ahora bien, esta respuesta nunca es automática, no está condicionada de una forma directa por el estímulo, es decir, entre ambos (E-R) hay una persona que decide la respuesta que va a dar filtrando por un lado el estímulo que recibe y por otro lado la respuesta que emite, o lo que es lo mismo, el estímulo invita pero no obliga. Es cierto, que habrá muchas respuestas que serán automáticas porque serán respuestas a estímulos poco relevantes, pero cuando los estímulos sean importantes nos debemos  plantear cuál es la respuesta que queremos dar.

En este proceso juega un papal muy importante, además de lo que pensamos y sentimos en ese momento, nuestro marco de referencia, nuestras creencias (el concepto que cada uno de nosotros tiene de nosotros mismos, de los demás, de la vida y del mundo), y ahí nunca coincidimos dos personas, porque el marco de referencia lo elaboramos en función de la relación entre lo que pensamos y sentimos, y de toda nuestra experiencia vital. Ese marco de referencia lo hemos construido desde el día que nacimos hasta hoy, y como consecuencia de eso, todos somos distintos. La inmensa mayoría de los conflictos, son conflictos de marcos de referencia. Por eso, para gestionar un conflicto, conviene analizar los marcos de referencia y buscar lo que tienen en común esos marcos, en lugar de lo que se hace habitualmente que es buscar las diferencias, porque al buscar las diferencias, afianzamos posiciones y polarizamos el conflicto. En cambio si buscamos posibles puntos de acuerdo y lo que tenemos en común, el conflicto puede mejorar.

Este marco de referencia actúa como un filtro, y filtra el estímulo y la respuesta. La respuesta podrá ser objetiva (lo que decimos y/o hacemos) o subjetiva. La respuesta objetiva es el comportamiento o conducta. Y lapersonalidad es lo que pensamos, sentimos y hacemos y/o decimos. Así pues, pensamiento (P), sentimiento (S) y conducta (C) se influyen mutuamente, de tal manera que si se produce un cambio en cualquiera de ellos automáticamente cambian los otros dos.

3 La Inteligencia Emocional

Un nuevo concepto irrumpe con vigor y tambalea las categorías establecidas a propósito de interpretar la conducta humana, y por ende de las ciencias que durante siglos se han dedicado a desentrañarla, llámense Psicología, Pedagogía, Sociología, Antropología, u otras.

En más de una ocasión nos habremos preguntado que es lo que determina que algunas personas, independientemente de su cultura, estrato social o historia personal, reaccionen frente a problemas o desafíos de manera inteligente, creativa y conciliadora.  Nunca antes se  había considerado incorporar en el  análisis un concepto tanto o más importante que el cociente intelectual (una medida de la Inteligencia Racional), como lo es la Inteligencia Emocional.

¿Por qué algunas personas tienen más desarrollada que otras, una habilidad especial que les permite relacionarse  bien con otros, aunque no sean las que más se destacan por su inteligencia? ¿Por qué unos son más capaces que otros de enfrentar contratiempos, o superar obstáculos y ver las dificultades de la vida de manera diferente?  El nuevo concepto que da respuesta a ésta y otros interrogantes es la Inteligencia Emocional, la misma que viene a ser una destreza que nos permite conocer y  manejar nuestros propios sentimientos, interpretar o enfrentar los sentimientos de los demás, sentirse satisfechos y ser eficaces en la vida, a la vez que crear hábitos mentales que favorezcan nuestra propia productividad.

Otras habilidades que caracterizan a la Inteligencia Emocional son: suficiente motivación y persistencia en los proyectos, resistencia a las frustraciones, controlar los impulsos, demorar la gratificación, regular el humor, mostrar empatía y abrigar esperanzas.

Los seres humanos venimos a este mundo con un libro de instrucciones incompleto. Por un lado traemos escrito en los genes una serie de características que determinarán algunos aspectos de nuestra vida, y por otro, será nuestra interacción con el ambiente, interno y externo, la que completará esas informaciones de forma que cada uno de nosotros sea único e irrepetible.

A lo largo de la historia ha ido variando el peso que se atribuía respectivamente a la herencia y al ambiente, de modo que, en el estudio que desde diversos puntos de vista se hacía sobre el hombre, unas veces predominaba lo genético sobre lo ambiental y otras veces al contrario.

Si nos referimos a la inteligencia, racional y emocional, podríamos decir en términos generales, que la Inteligencia Racional tiene más carga genética, está más influida por la herencia y por tanto es menos modificable. En cambio, la Inteligencia Emocional estaría más influida por el ambiente  y por tanto es más susceptible de ser modificada, tanto por nuestra propia voluntad como por agentes exteriores a nosotros:

                                                                     GENOTIPO

                                          RACIONAL

                                                                     fenotipo

           INTELIGENCIA

                                                                     genotipo

                                          EMOCIONAL

                                                                     FENOTIPO

Los avances técnicos y científicos en neurología son relativamente recientes y es ahora cuando empezamos a conocer el funcionamiento de nuestro cerebro. Los datos neurobiológicos actuales empiezan a ser elocuentes y a demostrar la importancia que tienen las emociones como condicionadoras de nuestro comportamiento. Se ha pasado de un concepto cerrado e inmóvil, que hablaba de la inteligencia como algo fijo e innato, la Inteligencia Racional, a otro mucho más aperturista y moldeable, la Inteligencia Emocional.

Sabemos por experiencia que los niños con una educación emocional positiva y estable, muestran una capacidad intelectual más abierta y adecuada. Recordemos que, muy a menudo, nuestras emociones pueden llegar a desbordar nuestra razón y hacernos actuar de manera irracional. Es aquí donde surge la necesidad, y se aprecia la gran importancia, de educarnos emocionalmente. Dotar de inteligencia a nuestros sentimientos para afrontar la vida con equilibrio, humor, perseverancia y, sobre todo, con capacidad para autoincentivarnos y encarar nuestras iniciativas con entusiasmo.

Los comportamientos violentos, la ira irracional, el miedo a relacionarnos con los demás significan, de una forma u otra, fracaso personal. Adiestrar nuestras emociones no quiere decir reprimirlas, significa dilucidar su conveniencia y adecuar su posible expresión. Un comportamiento falto de Inteligencia Emocional puede conducir a la destrucción de nuestras relaciones, afectar nuestra salud y rendimiento e, incluso, provocarnos ansiedad y depresión. Saber canalizar nuestros miedos y angustias nos permitirá disfrutar de las emociones que nos provocan alegría. Con la Inteligencia Emocional podremos gozar de todo aquello que sentimos, aprender de nuestras experiencias y llegar al autoconocimiento.

Por otra parte, las  pruebas diseñadas para medir la inteligencia cuantitativamente (coeficiente intelectual, CI, e inteligencia general, factor G,) o cualitativamente (aptitudes, R-V-N-E-…) son herramientas que utilizamos los educadores para orientar el contenido educativo que ofrecemos a nuestros alumnos, teniendo en cuenta sus capacidades y limitaciones. Pero en la práctica estos instrumentos resultan limitados porque no tienen en cuenta otros aspectos importantes y complejos que encierran el cerebro y el comportamiento humano. Por eso, no es raro encontrar personas con altas capacidades intelectuales que no logran alcanzar los objetivos de éxito que otras personas, con capacidades intelectuales mucho más bajas, consiguen con facilidad.

Así, cuando se habla de “fracaso escolar” casi siempre se justifica aceptando la existencia de deficiencias escolares que tienen que ver exclusivamente con la Inteligencia Racional (objetivos inexistentes o mal definidos, desorganización, escasa comprensión, falta de atención y concentración, lectura deficiente, excesiva memorización mecánica, dificultad para razonar, etc.) y se intentan solucionar instruyendo a los alumnos en técnicas de trabajo intelectual (TTI). Después de algunas sesiones los alumnos son capaces de formular objetivos adecuados y de diseñar un buen plan de trabajo, leen más deprisa y mejoran su comprensión lectura, conocen técnicas para aumentar la capacidad de atención y para desarrollar la facultad de memorizar, …, y sin embargo, los resultados académicos no mejoran, en general, como sería de esperar.

Esto se debe a que los alumnos han aprendido el método (procedimiento que hay que seguir) pero no dominan la técnica (habilidad en el uso del procedimiento). Para dominar la técnica hay que practicar, practicar y practicar, y para eso hay que estar motivado, ser consciente del estado actual y valorar el estado deseado, tener expectativas realistas y control interno, poseer habilidades sociales y capacidad de empatizar. La carencia de estas competencias es el origen del analfabetismo emocional y social.

Para desterrar el analfabetismo emocional y social, W. Kreider propuso la construcción de una “escuela pacífica” que descansa en los siguientes principios:

DESARMAR LA HISTORIA

“Hemos aprendido y hemos enseñado la historia del poder. No la del saber. La de la guerra, no la de la cultura. Historia jalonada de acontecimientos bélicos, con el fragor de las armas como única banda sonora. Tenemos, pues, que cambiar. Sí, tenemos que aprender a pagar el precio de la paz, como hemos tenido que pagar el precio de la guerra. Sería útil y necesario establecer nuevas prioridades en la enseñanza de las ciencias sociales”.(Mayor Zaragoza, 1997)

EXPRESAR EMOCIONES

Aprender a expresar lo que se siente.

Especialmente el enfado, la rabia y la frustración.

Encauzándolos de forma no agresiva ni destructiva.

Aprender a autocontrolarse.

RESOLVER CONFLICTOS

Responder creativamente a los conflictos.

Se trata de evitarlos, y cuando no sea posible, de darles solución sin acudir a la violencia.

Hasta ahora, gran parte de los esfuerzos educativos se han centrado en el desarrollo intelectual. Sin embargo, si queremos contribuir al desarrollo integral de la persona, si queremos educar para la vida, no podemos dejar de lado la educación emocional.

El desarrollo emocional afecta al individuo desde el punto de vista:

Personal:

Conocimiento y desarrollo de las propias emociones.

Capacidad para controlarlas.

Fomento de actitudes positivas.

Rendimiento académico.

Social:

Relaciones interpersonales.

Capacidad para hacer amistades.

Clima de clase.

Capacidad empática.

Y, además, tiene un claro efecto preventivo sobre:

El estrés.

La depresión.

El consumo de drogas.

La violencia.

Los trastornos alimenticios.

Pascal escribió en cierta ocasión que “nada es más poderoso que una idea cuyo tiempo ha llegado”. La Inteligencia Emocional es una idea cuyo tiempo ha llegado. La publicación del libro de Daniel Goleman, “LA INTELIGENCIA EMOCIONAL”, se convirtió rápidamente en un gran éxito editorial, en un fenómeno de masas, y lo mismo sucedió con otras publicaciones posteriores, tales como el “EL PUNTO CIEGO” y “LA PRÁCTICA DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL”. Y sin embargo, la obra de Goleman no dice nada nuevo. En concreto sostiene que la inteligencia medida tradicionalmente (a través del cociente intelectual) no correlaciona con el éxito profesional. Según este autor las características que apoyan el constructo de Inteligencia Emocional tienen que ver más con la capacidad para motivarse a sí mismo, con las expectativas que se poseen, con la persistencia en las frustraciones, con la autorregulación de los impulsos y del saber esperar, que con los índices académicos o profesionales que obtenga la persona.

El modelo que nos presenta Goleman ya fue comentado por Lipman en los años 20 y, posteriormente, por McClelland en 1973. También Gardner, creador del concepto de inteligencias múltiples en 1980, se refiere a la Inteligencia Emocional cuando habla de las inteligencias intrapersonal (gestión de uno mismo: autocontrol, autoconfianza y perseverancia) e interpersonal (gestión de las relaciones con otros: empatía y capacidad de ilusionar a otros). En 1986, Sternberg, introduce el concepto de inteligencia social. Salovey y Mayer, en 1990, hablan por primera vez de cinco dominios de la Inteligencia Emocional (autocontrol, autoconfianza, persistencia, empatía y domino de las relaciones). Posteriormente Spencer, siguiendo la línea de McClelland, cita cinco competencias (autocontrol,  autoconfianza, orientación al logro, comprensión interpersonal e impacto e influencia. Finalmente Goleman, en 1995, se refiere a cinco dimensiones emocionales: autoconciencia, autocontrol, autorregulación, empatía y habilidades sociales.

Como puede observarse todas las aportaciones anteriores están muy relacionadas pues las tres competencias de la inteligencia intrapersonal están ligadas a la motivación por el logro, y las dos competencias de la inteligencia interpersonal lo están a los motivos de afiliación y poder social.

Entonces, si la aportación de Goleman no dice nada nuevo, ¿por qué el inusitado interés hacia la Inteligencia Emocional en los últimos años? Se dan tres circunstancias clave que convierten la Inteligencia Emocional en asunto de suma importancia:

Ø       En primer lugar, hoy sabemos que el cociente intelectual es genético; los estudios realizados sobre gemelos idénticos separados a temprana edad evidencian un CI similar.

Ø       En segundo lugar, estamos viviendo en una sociedad de múltiples opciones, que permite todo tipo de elección. Hemos pasado de la sociedad del logro a la sociedad del bienestar, de evitar los problemas. El resultado es lo que Seligman ha llamado “la epidemia de la depresión” (en Estados Unidos, un tercio de los niños de 13 años tienen síntomas depresivos). Vivimos en una sociedad emocionalmente destrozada.

Ø       En tercer lugar, la intensidad competitiva obliga a contar en las organizaciones con los mejores. Los mejores son, por encima de genios intelectuales, personas emocionalmente dotadas.

Además, cabe considerar las siguientes cuestiones previas:

Ø       Personas con bajo CI obtienen buenos resultados tanto a nivel escolar como profesional.

Ø       Personas con alta cualificación académica no logran alcanzar los objetivos de éxito que se plantean.

Ø       Las inteligencias racional y emocional se complementan

Ø       La Inteligencia Emocional se aprende.

Los avances tecnológicos recientes, en concreto los estudios de resonancia magnética con positrones, permiten  afirmar que las emociones se ubican en partes específicas del sistema cerebral, lo que permite aseverar que los disparos emocionales (rabia, dolor, tristeza, alegría, enamoramiento) y sus consecuencias pueden ser modificados si el individuo entra en un plan de trabajo para organizar y optimizar su funcionamiento emocional.

De estas experiencias nace el concepto de cerebro emocional o sistema límbico, criterio que asocia diferentes partes del sistema cerebral (amígdala, hipotálamo, hipocampo y tálamo) y cuyo funcionamiento conjunto da una nueva dimensión a la inteligencia desde el punto de vista de cerebro emocional, bastante diferente al denominado cerebro racional o cerebro inteligente.

Según Mayer y Geher, la Inteligencia Emocional es la habilidad para:

Ø       percibir, expresar y valorar con exactitud las emociones,

Ø       generar sentimientos que faciliten el pensamiento,

Ø       entender las emociones y el conocimiento emocional,

Ø       regular, reflexivamente, las conductas emocionales de tal manera que favorezcan el crecimiento intelectual y emocional.

Esta definición, según los autores, enfatiza en que la emoción hace pensar más inteligentemente y que uno puede pensar inteligentemente sobre la vida emocional. La información derivada de las experiencias emocionales ayuda a solucionar eficazmente los problemas y a lograr una mejor adaptación de la conducta afectiva.

4 Las emociones

Existe una gran controversia a la hora de “etiquetar” lo que sentimos, en concreto acerca de la diferencia entre las emocio­nes y los sentimientos.

Lo que sentimos es para nosotros una fuente de información interna que guarda relación con la satisfacción o no de las necesidades y deseos, en la situación en la que nos encontramos en un momento dado. Las emociones nos movilizan y nos informan, y cuando se integran con la razón, nos hacen más sabios de lo que somos cuando utilizamos sólo nuestro intelecto. Las emociones proporcionan una fuente rica de información sobre nuestras reacciones ante las situaciones.

Por ello es muy importante: sentir (S) y darnos cuenta de lo que sentimos (P).

Cuando sentimos algo, se moviliza una gran cantidad de energía física y psicológica, que experimentamos algunas veces como tensión, y que el organismo pone a nuestra disposición para realizar las acciones (C)oportunas con el fin de reducir la tensión física y emocional.

Reconocer (P) y expresar (C) lo que sentimos (S) nos permite conocernos mejor a nosotros mismos y a los demás, mejorando notablemente la comunicación.

¿QUÉ SENTIMOS?

SENSACIONES            →         guardan relación con el cuerpo

EMOCIONES                →         guardan relación con las situaciones

SENTIMIENTOS            →         guardan relación con las personas

 

 

SENSACIONES

 

Las sensaciones son corporales. Por ejemplo: frío, calor, sueño, hambre, sed, cansancio, tensión, relajación, sofocación, dolor, …

 

EMOCIONES

Las emociones las sentimos al tomar conciencia de la situación en la que nos encontramos.

Etimológicamente, la palabra emoción proviene de la raíz latina movere (mover), y el prefijo e,  ex-movere (mover hacia fuera), es decir, “aquello que pone en movimiento”. La emoción está relacionada con la acción. Las emociones nos ponen en movimiento, nos hacen actuar. Las emociones son el resultado de la combinación de procesos afectivos e intelectuales.

Las emociones surgen habitualmente como respuesta a un acontecimiento externo o interno que provoca en el organismo un estado de excitación o perturbación que lo predispone a dar una respuesta.

La emoción es algo innato: desde su nacimiento todos los indivi­duos la poseen, y cada una de las cuatro emociones básicas es una cons­tante en nuestra constitución, aunque eventualmente podamos mante­ner callada alguna de dichas emociones, no las podremos erradicar de nuestro ser. Las emociones son necesariamente positivas, puesto que hasta la rabia, el miedo o la tristeza aseguran nuestra supervivencia y adaptación frente a los problemas de la existencia; claro está, siempre y cuando las expresemos.

Las emociones se clasifican en primarias o básicas, que son las que estarían programadas genéticamente, es decir, son innatas; y secundarias, que serían producto del aprendizaje.

SENTIMIENTOS

 

Los sentimientos guardan relación con las personas.

El sentimiento es algo que nuestra personalidad aprende, el resultado de la cristalización y elaboración de varias emo­ciones. En este paso de elemento simple a elaborado, el sentimiento pierde su carácter necesariamente positivo. Un determinado sentimien­to puede ser negativo (los celos, el odio), y expresado tal cual no cam­biará nada. Si las emociones son universales, la composición y el espectro de un sentimiento varía de un individuo a otro (se puede no conocer el senti­miento de los celos, o poseer poca capacidad de compasión…).

Al aceptar los sentimientos, es importante poder reconocer que, aunque mejoran la preparación para actuar, no son conductas. Así, sentirse enfadado o molesto no es lo mismo que ser agresivo. Los sentimientos implican que uno experimenta sensorialmente y se organiza para acciones concretas, mientras que resolver implica que uno actúa en el mundo. Los sentimientos constituyen una experiencia subjetiva; las conductas son externas y están sujetas a la regulación social. Los problemas emergen cuando se confunden sentimientos y conductas. Cuando las personas intentan hacer que sean sus sentimientos y no sus conductas las que se conformen según las normas sociales, es cuando comienzan  a quedar envueltos en automanipulaciones y autocoerciones que no son saludables.  Para que las personas puedan negociar con los sentimientos no deseados, en lugar de tratar de controlarlos, necesitan llegar a ser conscientes de aquello que están haciendo y que les mantiene atascados en un mismo sentimiento, de cómo están interrumpiendo el proceso natural de surgimiento y terminación.

Así, son sentimientos, por ejemplo: amor, odio, compasión, gratitud, respeto, admiración, confianza, esperanza, orgullo, altruismo, desprecio, celos, pena, duelo, …

Uno e los problemas emocionales más comunes es la dificultad para nombrar lo que se siente (alexitimia). Para identificar lo que sentimos en un momento dado resulta muy útil el siguiente mapa.

 

 

F

 

R

 

U

 

S

 

T

 

R

 

A

 

C

 

I

 

Ó

 

N

 

SENTIMIENTOS

 

 

S

 

A

 

T

 

I

 

S

 

F

 

A

 

C

 

C

 

I

 

Ó

 

N

ODIODESPRECIOENVIDIA – CELOSCULPA

VERGÜENZA

AMOR

ADMIRACIÓN

RESPETO

ORGULLO

ESTADOS DE ÁNIMO

 BAJODEPRIMIDOPESIMISTA

 

ALTO

EUFÓRICO

OPTIMISTA

EMOCIONES

 TRISTEZARABIAMIEDO

 

ALEGRÍA

SENSACIONES

 DOLORTENSIÓNASCO

 

PLACER

            RELAJACIÓN

GUSTO

IMPULSOS – NECESIDADES – DESEOS

 

La frustración se siente cuando no se tiene cubierta una necesidad o no se ha cumplido un deseo o una ilusión. Va acompañada de sensaciones, emociones, estados de ánimo y sentimientos desagradables. Lasatisfacción se siente en caso contrario.

Las emociones (los sentimientos) se caracterizan por los siguientes aspectos básicos:

1 LAS EMOCIONES NOS ORGANIZAN PARA LA ACCIÓN

Las emociones regulan el funcionamiento mental, organizando tanto el pensamiento como la acción. Establecen las metas que nos son prioritarias y nos organizan para llevar a cabo ciertas acciones concretas.

Por otra parte, los centros emocionales del cerebro reciben y procesan la información de entrada antes de que lo hagan los centros responsables de la toma de decisiones y planificación, los cuales, para el momento en que procesan esta misma información, ya han sido orientados de un modo concreto a partir de la información que aportan los centros emocionales.

Esencialmente, lo afectivo establece los problemas para que los resuelva lo cognitivo. La emoción tiene que ver fundamentalmente con la motivación y la acción, mientras que la cognición está relacionada con el conocimiento y conlleva el análisis de la situación  y la decisión de la acción.

Necesitamos de la emoción, para que nos diga qué es lo que nos está afectando y para que establezca la meta de modo que podamos alcanzarla, y necesitamos de la cognición para que nos ayude a darle un sentido a nuestra experiencia, así como de la razón para ayudarnos a imaginar el mejor modo de cómo podemos alcanzar la meta, o podemos satisfacer nuestro interés en nuestro contexto cultural concreto.

2 LAS EMOCIONES SON FUNDAMENTALMENTE ADAPTATIVAS

Las emociones no son ni racionales ni irracionales, son adaptativas. Se trata de señales internas que nos dirigen para poder mantenernos vivos. En comparación con la cognición, la emoción constituye un sistema biológicamente más antiguo, de acción rápida y adaptativa, un sistema destinado a mejorar la supervivencia.

Una de las funciones más importantes de la emoción es la de conectar nuestra naturaleza biológica con el mundo en el que está inmersa. Las emociones responden rápidamente ante aquellas cosas que tienen que ver realmente con la supervivencia.

Las emociones regulan nuestra atención, controlan el entorno, buscan los acontecimientos que son relevantes para la adaptación y alertan a nuestra conciencia cuando estos se producen (el miedo nos advierte del peligro, el asco nos aleja de lo putrefacto, la compasión nos capacita para responder al dolor del otro, …) las diferentes emociones nos alertan ante cosas distintas y sirven de modo distinto para diferentes funciones.

La función adaptativa de las emociones se entiende mejor cuando observamos las diferencias entre las llamadas emociones positivas y negativas.

Las emociones vivenciadas positivamente son cruciales a la hora de motivar la conducta. El interés y la curiosidad constituyen elementos esenciales que promueven la exploración y producción de conductas nuevas, y constituyen un aspecto esencial de nuestro organismo adaptativo como ser orientado hacia el crecimiento.

La alegría y la felicidad son el resultado tanto del contacto con una figura hacia la que nos sentimos vinculados como de la sensación de eficacia y sirven también para mantener el organismo proactivo, buscando continuamente vínculos y dominios sobre la situación.

Por contraste con el pequeño número de emociones positivas básicas existe un amplio repertorio de emociones negativas. Sentimientos tales como miedo, desesperación, enfado, vergüenza y repugnancia, nos afectan, pero nadie confundiría unos con otros. Parece que hemos desarrollado más y más emociones negativas y una mayor diferenciación entre ellas como un modo de ayuda en nuestra búsqueda de la supervivencia. Cada una posee su propia tendencia de acción (el enfado nos impulsa a enfrentarnos con nuestro antagonista y, en situaciones extremas, queremos golpear o atacar al objeto de nuestra furia; cuando sentimos miedo nos alejamos de aquello que sentimos como amenazante y queremos escapar de ello; la tristeza hace que nos cerremos y queramos escondernos y aislarnos del mundo).

3 LAS EMOCIONES INFLUYEN EN EL PENSAMIENTO Y LA MEMORIA

 

Las emociones ejercen una influencia poderosa sobre la razón y pueden mejorar o empeorar el razonamiento o la toma de decisiones.

El sistema emocional nos proporciona sentimientos viscerales acerca de las cosas que nos sirven de guía. Estos sentimientos nos ayudan, también, a focalizar nuestra atención en posibilidades que puedan resultar negativas, y nos proporcionan respuestas inmediatas que nos alejan de ellos. El análisis racional sigue a continuación, pero solo después que la valoración afectiva ha reducido rápidamente las opciones. Esto aumenta la precisión y eficacia en la toma de decisiones.

Las personas que tratan de resolver intelectualmente conflictos de toma de decisiones, sin atender sus preferencias sentidas, dan vueltas y vueltas en el tío vivo de los pros y los contras, incapaces de decidir. Atender a los pensamientos viscerales da cuerpo a las posibles opciones, y estos tienen que ser atendidos para que pueda cristalizar la toma de una decisión o emerger un nuevo significado.

4 LAS EMOCIONES MOTIVAN

 

Las respuestas emocionales, a través de sus componentes fisiológicos y su tendencia a la acción, preparan y motivan a las personas para poder relacionarse con los acontecimientos que elicitan dichas emociones. Además las emociones están, a menudo, tratando de obtener sus propias recompensas, motivan conductas que incrementan la probabilidad de ocurrencia de otras que producen ciertos estados emocionales.

El miedo, como ya hemos dicho, es aversivo y motiva hacia el escape o la evitación al mismo tiempo que nos provee de respuestas motoras y fisiológicas que nos capacitan para soportar la huida. La alegría es placentera, al mismo tiempo que nos proporciona las respuestas fisiológicas y motoras que nos permiten abrirnos y aproximarnos.

Sin embargo, vivir en el presente, prestando atención a nuestra sensaciones sentidas acerca de lo que es bueno para nosotros no es lo mismo que vivir para el presente, que implica simplemente hacer aquello que nos hace sentir bien, sin tener en cuenta las consecuencias.

5 LAS EMOCIONES NOS INFORMAN

Las emociones nos proporcionan información acerca de nuestras reacciones ante las situaciones. Las emociones están ahí para decirnos cómo estamos reaccionando frente a las situaciones.

Por ejemplo, resulta importante darnos cuenta de que estamos sintiéndonos asustados y que nos estamos organizando para huir.  Así, una persona que se siente enfadada y expresa “estoy enfadado porque esto es injusto” comienza a aclarar que se está sintiendo injustamente tratada y que desea un intercambio justo.

6 LAS EMOCIONES COMUNICAN

Las emociones proporcionan información a los demás sobre nuestras intenciones y nuestra disponibilidad para actuar.

En las relaciones interpersonales, la emisión y lectura constante de estados emocionales, especialmente a través de la expresión facial, informa y regula en gran medida la interacción.

Si las personas cambian emocionalmente en su interior, esto se manifestará al exterior y los demás les tratarán de modo diferente. En efecto, si se sienten mas seguros, serán capaces de expresarse mas asertivamente a sí mismos, y si están menos asustados, serán mas capaces de conseguir trabajos y ser tratados con mayor respeto.

Las emociones en la toma de decisiones

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El informe en cuestión ha sido elaborado por Jules Lobel, profesor de leyes en la facultad de derecho de la Universidad de Pittsburg, y George Loewenstein, profesor de Economía y Psicología en la Universidad Carnegie Mellon.

Las emociones intensas pueden socavar la capacidad de una persona a la hora de tomar decisiones racionales, aún cuando el individuo sea consciente de la necesidad de tomarlas de forma cuidadosa. Respecto a las decisiones en el ámbito político, cuando la gente se enoja, siente miedo o se encuentra en otros estados emocionales extremos, la tendencia ante los problemas a resolver es la de favorecer las soluciones directas que satisfagan visceralmente y que posean una marcada simbología, en lugar de desarrollar políticas más complicadas pero que al final acaben siendo más efectivas.

Según los investigadores, durante los últimos 40 años, esto ha llevado a los Estados Unidos a dos guerras controvertidas y costosas en Vietnam e Irak. Fueron momentos en los que los miembros del congreso le dieron al Presidente poderes muy amplios para buscar soluciones a situaciones percibidas como crisis urgentes, que no dejaban mucho tiempo para deliberar.

Los autores se basan también en una investigación reciente que demuestra que las decisiones humanas son controladas por dos sistemas neurales: el deliberativo y el emocional. El segundo, al que los autores llaman control emotivo, es mucho más antiguo y cumplió un papel adaptativo en los primeros humanos, ayudándolos a satisfacer sus necesidades básicas, así como a identificar rápidamente el peligro y responder ante el mismo. Sin embargo, a medida que los humanos evolucionaron, desarrollaron la habilidad necesaria para considerar las consecuencias a largo plazo de su comportamiento y sopesar el coste y los beneficios derivados de sus elecciones. El sistema deliberativo parece estar ubicado en la corteza prefrontal del cerebro, que se desarrolló por encima de los viejos sistemas cerebrales, pero no los reemplazó.

El comportamiento humano no está únicamente controlado por la deliberación o bien por la emoción, sino por los resultados de la interacción de estos dos procesos.

El control emotivo es rápido, pero sólo puede responder ante una cantidad limitada de situaciones, mientras que la deliberación es mucho más flexible, aunque relativamente lenta y laboriosa. El control emotivo es el sistema por defecto para la toma de decisiones. La deliberación se activa cuando una persona encuentra una situación nueva o cuando la respuesta correcta no es evidente. El control emotivo está altamente vinculado a imágenes impactantes, la inmediatez y las primeras reacciones; lo cual significa que el sistema emocional tiende a reaccionar ante sucesos de gran impacto visual, muy recientes, y a los cuales el sujeto no está acostumbrado o no ha tenido tiempo de adaptarse.

El sistema emotivo es además sensible a las categorías en las que los humanos automáticamente ponemos las cosas y la gente que nos encontramos, lo cual, desde el punto de vista de la ley y la política social, consiste en esa distinción básica entre “nosotros” y “ellos”, es decir entre los de “nuestro grupo” y los de fuera de él
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Las emociones

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Las Emociones

Una emoción es un estado afectivo que experimentamos, una reacción subjetiva al ambiente que viene acompañada de cambios orgánicos (fisiológicos y endocrinos) de origen innato, influidos por la experiencia. Las emociones tienen una función adaptativa de nuestro organismo a lo que nos rodea. Es un estado que sobreviene súbita y bruscamente, en forma de crisis más o menos violentas y más o menos pasajeras.

En el ser humano la experiencia de una emoción generalmente involucra un conjunto de cogniciones, actitudes y creencias sobre el mundo, que utilizamos para valorar una situación concreta y, por tanto, influyen en el modo en el que se percibe dicha situación.

Durante mucho tiempo las emociones han estado consideradas poco importantes y siempre se le ha dado más relevancia a la parte más racional del ser humano. Pero las emociones, al ser estados afectivos, indican estados internos personales, motivaciones, deseos, necesidades e incluso objetivos. De todas formas, es difícil saber a partir de la emoción cual será la conducta futura del individuo, aunque nos puede ayudar a intuirla.

Apenas tenemos unos meses de vida, adquirimos emociones básicas como el miedo, el enfado o la alegría. Algunos animales comparten con nosotros esas emociones tan básicas, que en los humanos se van haciendo más complejas gracias al lenguaje, porque usamos símbolos, signos y significados.

Cada individuo experimenta una emoción de forma particular, dependiendo de sus experiencias anteriores, aprendizaje, carácter y de la situación concreta. Algunas de las reacciones fisiológicas y comportamentales que desencadenan las emociones son innatas, mientras que otras pueden adquirirse.

Charles Darwin observó como los animales (especialmente en los primates) tenían un extenso repertorio de emociones, y que esta manera de expresar las emociones tenía una función social, pues colaboraban en la supervivencia de la especie. Tienen, por tanto, una función adaptativa.

Existen 6 categorías básicas de emociones.

  • MIEDO: Anticipación de una amenaza o peligro que produce ansiedad, incertidumbre, inseguridad.
  • SORPRESA: Sobresalto, asombro, desconcierto. Es muy transitoria. Puede dar una aproximación cognitiva para saber qué pasa.
  • AVERSIÓN: Disgusto, asco, solemos alejarnos del objeto que nos produce aversión.
  • IRA: Rabia, enojo, resentimiento, furia, irritabilidad.
  • ALEGRÍA: Diversión, euforia, gratificación, contentos, da una sensación de bienestar, de seguridad.
  • TRISTEZA: Pena, soledad, pesimismo.

Si tenemos en cuenta esta finalidad adaptativa de las emociones, podríamos decir que tienen diferentes funciones:

  • MIEDO: Tendemos hacia la protección.
  • SORPRESA: Ayuda a orientarnos frente a la nueva situación.
  • AVERSIÓN: Nos produce rechazo hacia aquello que tenemos delante.
  • IRA: Nos induce hacia la destrucción.
  • ALEGRÍA: Nos induce hacia la reproducción (deseamos reproducir aquel suceso que nos hace sentir bien).
  • TRISTEZA: Nos motiva hacia una nueva reintegración personal.

Los humanos tenemos 42 músculos diferentes en la cara. Dependiendo de cómo los movemos expresamos unas determinadas emociones u otras. Hay sonrisas diferentes, que expresan diferentes grados de alegrías. Esto nos ayuda a expresar lo que sentimos, que en numerosas ocasiones nos es difícil explicar con palabras. Es otra manera de comunicarnos socialmente y de sentirnos integrados en un grupo social. Hemos de tener en cuenta que el hombre es el animal social por excelencia.

Las diferentes expresiones faciales son internacionales, dentro de diferentes culturas hay un lenguaje similar. Podemos observar como en los niños ciegos o sordos cuando experimentan las emociones lo demuestran de forma muy parecida a las demás personas, tienen la misma expresión facial. Posiblemente existan unas bases genéticas, hederitarias, ya que un niño que no ve no puede imitar las expresiones faciales de los demás. Aunque las expresiones también varían un poco en función de la cultura, el sexo, el país de origen etc. Las mujeres tienen más sensibilidad para captar mejor las expresiones faciales o las señales emotivas y esta sensibilidad aumenta con la edad. Otro ejemplo son los rostros de los orientales, especialmente los japoneses, son bastante inexpresivos, pero es de cara a los demás, porque a nivel íntimo expresan mejor sus emociones.

Las expresiones faciales también afectan a la persona que nos está mirando alterando su conducta. Si observamos a alguien que llora nosotros nos ponemos tristes o serio e incluso podemos llegar a llorar como esa persona. Por otro lado, se suelen identificar bastante bien la ira, la alegría y la tristeza de las personas que observamos. Pero se identifican peor el miedo, la sorpresa y la aversión.

Las emociones poseen unos componentes conductuales particulares, que son la manera en que éstas se muestran externamente. Son en cierta medida controlables, basados en el aprendizaje familiar y cultural de cada grupo:

  • Expresiones faciales.
  • Acciones y gestos.
  • Distancia entre personas.
  • Componentes no lingüísticos de la expresión verbal (comunicación no verbal).

Los otros componentes de las emociones son fisiológicos e involuntarios, iguales para todos:

  • Temblor
  • Sonrojarse
  • Sudoración
  • Respiración agitada
  • Dilatación pupilar
  • Aumento del ritmo cardíaco

Estos componentes son los que están en la base del polígrafo o del “detector de mentiras”. Se supone que cuando una persona miente siente o no puede controlar sus cambios fisiológicos, aunque hay personas que con entrenamiento sí pueden llegar a controlarlo.

¿Qué es lo que nos produce el miedo a nivel fisiológico?

Cuando nos encontramos ante un estímulo que nos provoca miedo o temor, nuestro cuerpo reacciona activándose, de manera que estemos a punto para cualquier reacción de lucha o huída que sea preciso a fin de protegernos, ya que nuestro impulso más básico es el de la supervivencia.

La activación se produce de la siguiente manera:

  1. El lóbulo frontal de la corteza cerebral por la acción del hipotálamo activa la glándula suprarrenal.
  2. La glándula suprarrenal descarga adrenalina.
  3. Las pupilas se dilatan.
  4. El tórax se ensancha.
  5. El corazón se dilata, aumenta la provisión de sangre.
  6. Se produce un aumento de la tensión arterial.
  7. Los músculos se contraen.
  8. El hígado libera glucosa, el combustible de los músculos.
  9. La piel palidece.
  10. Los bronquios se dilatan para aumentar el volumen de oxigeno.
  11. En casos extremos la vejiga urinaria se vaciará.

¿Qué es la Inteligencia Emocional?

De la misma manera que se reconoce el CI (cociente intelectual), se puede reconocer la Inteligencia Emocional. Se trata de conectar las emociones con uno mismo; saber qué es lo que siento, poder verme a mi y ver a los demás de forma positiva y objetiva. La Inteligencia Emocional es la capacidad de interactuar con el mundo de forma receptiva y adecuada.

Características básicas y propias de la persona emocionalmente inteligente:

  • Poseer suficiente grado de autoestima
  • Ser personas positivas
  • Saber dar y recibir
  • Empatía (entender los sentimientos de los otros)
  • Reconocer los propios sentimientos
  • Ser capaz de expresar los sentimientos positivos como los negativos
  • Ser capaz también de controlar estos sentimientos
  • Motivación, ilusión, interés
  • Tener valores alternativos
  • Superación de las dificultades y de lasfrustraciones
  • Encontrar equilibrio entre exigencia y tolerancia.

Goleman explica que la Inteligencia Emocional es el conjunto de habilidades que sirven para expresar y controlar los sentimientos de la manera más adecuada en el terreno personal y social. Incluye, por tanto, un buen manejo de los sentimientos, motivación, perseverancia, empatía o agilidad mental. Justo las cualidades que configuran un carácter con una buena adaptación social.

El psicólogo W. Mischel hizo un experimento con niños de 4 años: les daba un caramelo y les decía que tenía que irse un momento, pero que debían esperar a que él volviera antes de comérselo, si lo hacían así él les daría otro caramelo como premio. El tiempo que permanecía fuera era tan sólo de 3 minutos. Habían niños que no esperaban y se comían el caramelo. Posteriormente hizo un seguimiento de los niños y observó que los que no se habían comido el caramelo, eran más resistentes a la presión, más autónomos, más responsables, más queridos por sus compañeros y mejor adaptados en el medio escolar que los otros.

Todas las personas nacemos con unas características especiales y diferentes, pero muchas veces la manera que tenemos de comportarnos o de enfrentarnos a los retos de la vida son aprendidos. Desde pequeños podemos ver como para un niño no está tan bien visto llorar y expresar sus emociones como en una niña, además a los varones se les exige ser más valientes, seguros de sí mismos. También podemos observar como, según las culturas, las mujeres son menos valoradas, tanto en el ámbito personal como en el laboral, lo cual es el origen de opresiones y malos tratos. Todo esto lo adquirimos sin darnos cuenta ya desde el momento en que venimos al mundo: nos comportamos como nos han “enseñado” a comportarnos. Quererse a uno mismo, ser más generoso con los demás, aceptar los fracasos, no todo depende de lo que hemos heredado, por lo que hemos de ser capaces de seguir aprendiendo y mejorando nuestras actitudes día a día, aprender a ser más inteligentes emocionalmente, en definitiva a ser más felices.

emociones en los bebesCerebro: emociones


Bibliografía:

Goleman, D. (1996). La inteligencia emocional. Barcelona. Kairos.

Reeve, J. (1994). Motivación y emoción. Madrid. Mc Graw Hill.

Vila, J., Fernández, M. (1990). Activación y conducta. Madrid. Alhambra.

El arte: el cerebro y sus lados

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El cerebro: sus lados izquierdo y derecho

Una persona creativa es aquélla qua puede procesar de maneras nuevas la información de que dispone, los datos sensoriales que todos recibimos. Un escritor necesita palabras, un músico necesita notas, un pintor necesita percepciones visuales, y todos ellos necesitan algún conocimiento de las técnicas de sus respectivos oficios. Pero cualquier individuo creativo ve instintivamente posibilidades de transformar los datos ordinarios en una nueva creación, trascendiendo la materia prima empleada.

Muchas personas creativas han reconocido las diferencias entre los dos procesos de recoger datos y transformarlos creativamente. Los recientes hallazgos sobre el funcionamiento cerebral comienzan a aclarar este proceso dual. Conocer ambos lados del cerebro es importante para liberar el potencial creativo.

En este capítulo repasaremos algunas investigaciones recientes sobre el cerebro humano, que han ampliado considerablemente las teorías científicas sobre la naturaleza de la consciencia humana. Los nuevos descubrimientos son directamente aplicables a la tarea de liberar las capacidades creativas humanas.

CONOZCA LOS DOS LADOS DE SU CEREBRO

Visto desde, arriba, el cerebro humano recuerda el aspecto de una nuez: como ella, presenta dos mitades redondeadas, de superficie convoluta y conectadas por el centro (Figura 3-1). Estas dos mitades se llaman «hemisferio izquierdo» y «hemisferio derecho».

«Todo acto creativo implica… una nueva inocencia de percepción, liberada de la catarata de creencias aceptadas.»

Arthur Koestier
The Sieepwaikers
Fig. 3-1.

El sistema nervioso humano está conectado al cerebro mediante una conexión cruzada, de manera que el hemisferio derecho controla el lado izquierdo del cuerpo, y el hemisferio izquierdo controla el lado derecho. Si se sufre una lesión en el lado izquierdo del cerebro, la parte más afectada del cuerpo será la derecha, y viceversa. A causa de este cruzamiento de las vías nerviosas, la mano izquierda está regulada por el hemisferio derecho, y la mano derecha por el hemisferio izquierdo, como se indica en la Figura 3-2.

Fig. 3-2. El cruce de conexiones entre la mano derecha y el hemisferio izquierdo, y la mano izquierda y el hemisferio derecho.

EL CEREBRO DOBLE

En los cerebros de animales, los dos hemisferios son esencialmente iguales o simétricos en sus funciones. Sin embargo, los hemisferios cerebrales humanos presentan una asimetría funcional. El efecto externo más aparente de esta asimetría es el predominio del uso de una mano sobre el de la otra.

Durante el último siglo y medio, los científicos han sabido que la función del lenguaje y las capacidades relacionadas con el lenguaje están localizadas -en la mayoría de las personas- en el hemisferio izquierdo. Esto podía comprobarse estudiando los efectos de lesiones cerebrales. Una lesión en el lado izquierdo del cerebro podía provocar una pérdida del uso del lenguaje, con más probabilidad que una lesión en el lado derecho.

El lenguaje y la palabra están estrechamente ligados con el pensamiento razonado y con las otras funciones mentales elevadas que distinguen al hombre de las demás criaturas, y por ello los científicos del siglo XIX consideraron que el hemisferio izquierdo era el dominante, y el derecho el subordinado. La opinión general, que prevaleció hasta hace muy poco, era que la mitad derecha del cerebro estaba menos avanzada, menos evoluciona-da que la mitad izquierda; una especie de gemelo de inferior capacidad, dirigido y mantenido por el hemisferio izquierdo, el verbal.

Uno de los temas que más intrigaban a los neurólogos eran las funciones -desconocidas hasta hace muy poco- de un grueso cable nervioso, compuesto por millones de fibras, que conecta los dos hemisferios cerebrales. Este cable de conexión, el corpus callosum (ver Figura 3-3) tenía toda la apariencia de ser una estructura importante, dado su gran tamaño, el enorme número de fibras nerviosas que lo componen, y su situación estratégica como conector entre los dos hemisferios. Y, sin embargo, la evidencia indicaba que se podía cortar por completo el corpus callosum sin que se observara un efecto significativo. A lo largo de una serie de estudios sobre animales, realizado durante los años cincuenta en el Instituto Tecnológico de California por Roger W. Sperry, Ronaid Myers, Colwyn Trevarthen y otros, se llegó a establecer que una función importante del corpus callosum consistía en comunicar los dos hemisferios, permitiendo la transmisión de la memoria y el aprendizaje. Además, se comprobó que si se cortaba quirúrgicamente la conexión, las dos mitades continuaban funcionando independientemente, lo cual explicaba en parte la aparente falta de efecto en la conducta y el funcionamiento.

Durante los años 60, se realizaron estudios similares con pacientes humanos, que proporcionaron nueva información sobre las funciones del corpus callosum y obligaron a los científicos a replantearse su opinión sobre las capacidades relativas de las dos mitades del cerebro humano. Era indudable que ambos hemisferios intervienen en funciones cognoscitivas elevadas, aunque cada mitad del cerebro está especializada, de un modo complementario, en diferentes formas de pensamiento, ambas muy complejas.

Fig. 3-3. Esquema de una de las mitades del cerebro humano, mostrando el corpus callosum y las comisuras asociadas.

Dado que este nuevo concepto del cerebro tiene importantes implicaciones para la educación en general, y para aprender a dibujar en particular, voy a describir brevemente algunas de las investigaciones, mencionadas a veces como «estudios del cerebro dividido», que se llevaron a cabo principalmente en California. En ellas participaron Sperry y sus colaboradores, Michael Gazzaniga, Jerre Levy, Colywn Trevarthen, Robert Nebes y otros.

La investigación se centró en un pequeño grupo de individuos, pacientes de comisurotomía o «cerebro dividido». Eran personas gravemente incapacitadas por trastornos epilépticos que afectaban a ambos hemisferios. Como último recurso, después de que fracasaran todas las demás medidas, se cortó la transmisión de ataques entre los dos hemisferios mediante una operación, practicada por Phillip Vogel y Joseph Bogen, consistente en cortar el corpus callosum y las comisuras anexas, aislando así un hemisferio del otro. La operación tuvo el resultado esperado: los ataques quedaron controlados y los pacientes recuperaron la salud. A pesar del carácter radical de la operación parece que los pacientes no vieron alterado su aspecto externo, movimientos y coordinación. Y para un observador casual, su comportamiento cotidiano tampoco cambió mucho.

A partir de entonces, el equipo del Instituto Tecnológico de California trabajó con estos pacientes en una serie de pruebas que revelaran las funciones separadas de los dos hemisferios. Estos experimentos proporcionaron sorprendentes evidencias de que cada hemisferio, en cierto sentido, percibe su propia realidad; o quizás deberíamos decir que percibe la realidad a su manera. La mitad verbal del cerebro -el hemisferio izquierdo- domina durante la mayor parte del tiempo en los individuos con cerebros intactos. También sucedía así en los pacientes con cerebro dividido; sin embargo, mediante ingeniosos procedimientos, los científicos estudiaron el funcionamiento de la mitad derecha del cerebro de los pacientes, descubriendo que esta mitad no verbal también recibe sensaciones, responde con sentimientos y procesa información por su cuenta. En un cerebro con el Corpus callosum intacto la comunicación entre hemisferios funde o reconcilia los dos tipos de percepción, manteniendo así nuestra sensación de ser «una persona», un ser unitario.


La periodista Maya Fines informa que algunos teólogos y personas interesadas en el problema de la identidad humana han seguido con gran interés las investigaciones científicas sobre los hemisferios cerebrales. Al parecer, pronto descubren que «todos los caminos llevan al Dr. Roger Sperry, profesor de psicobiología en el Instituto Tecnológico de California, que tiene el don de hacer -o provocar- importantes descubrimientos.»

Maya Fines
The Brain Changers

«La cuestión principal es que parecen existir dos modos de pensar, el verbal y el no verbal, representados respectivamente por el hemisferio izquierdo y el derecho, y que nuestro sistema educativo, así como la ciencia en general, tiende a despreciar la forma no verbal del intelecto. El resultado es que la sociedad moderna manifiesta una discriminación en contra del hemisferio derecho.»

Roger W. Sperry
«Lateral Specialization of Cerebral Function in the Surgically Separated Hemispheres», 1973

 

«Los datos indican que el hemisferio no verbal está especializado en la percepción global, sintetizando la información que le llega. El hemisferio verbal y dominante, por su parte, parece funcionar de un modo más lógico y analítico. Su lenguaje es inadecuado para las rápidas y complicadas síntesis que realiza el hemisferio subordinado.»

Jerre Levy
R. W. Sperry
1968

Además de estudiar la separación de experiencias mentales internas, provocada por la operación quirúrgica, los científicos examinaron los diferentes modos en que cada hemisferio procesa la información. La evidencia demostró que el modo del hemisferio izquierdo es verbal y analítico, mientras que el del derecho es no verbal y global. Posteriormente, Jerre Levy descubrió que el procesamiento en el hemisferio derecho es rápido, complejo, totalizador, espacial y perceptivo, y que este procesamiento no sólo es diferente, sino de complejidad comparable a la del modo verbal y analítico del hemisferio izquierdo. Además de esto, Levy descubrió indicios de que los dos tipos de procesamiento tendían a interferir uno con otro, impidiendo una actuación máxima; en su opinión, esto podría explicar en parte el desarrollo evolutivo de la asimetría en el cerebro humano: sería un modo de mantener los dos tipos diferentes de procesamiento en dos hemisferios diferentes.

Ante la evidencia de los estudios del cerebro dividido, pronto se extendió gradualmente la opinión de que ambos hemisferios utilizan modos de cognición de alto nivel, que, aunque son diferentes, implican pensar, razonar y un complicado funcionamiento mental. En la última década (los primeros informes de Levy y Sperry datan de 1968), se han encontrado nuevas y abundantes evidencias que apoyan este punto de vista, no sólo en pacientes con lesiones cerebrales, sino también en individuos con cerebros normales, es decir, intactos.

Algunos ejemplos de las pruebas ideadas para los pacientes con cerebro dividido permitirán ilustrar la realidad separada que percibe cada hemisferio, y el modo especial de procesamiento empleado. Uno de los experimentos consistía en hacer aparecer, por un instante, dos imágenes diferentes en una pantalla, estando el paciente con los ojos fijos en un punto medio, de manera que no pudiera examinar ambas imágenes. De este modo, cada hemisferio recibía una imagen diferente; el hemisferio derecho captaba la imagen de una cuchara, situada al lado izquierdo de la pantalla, mientras que el izquierdo recibía la imagen de un cuchillo, situado a la derecha de la pantalla (ver Figura 3-4). Al preguntársele, el sujeto daba diferentes respuestas. Si se le pedía que nombrara lo que había visto en la pantalla, el hemisferio izquierdo, verbal y articulado, hacía que el paciente respondiera «cuchillo». A continuación, se le pedía que metiera la mano tras una cortina (la mano izquierda, controlada por el hemisferio derecho) para coger el objeto que había visto en la pantalla, identificándolo al tacto entre un grupo de objetos que incluía una cuchara y un cuchillo. El paciente escogía la cuchara. Si el experimentador le pedía al sujeto que dijera lo que tenía en la mano, detrás de la cortina, el paciente podía mostrarse confuso por un momento y responder «un cuchillo». El hemisferio derecho, sabiendo que la respuesta era errónea, pero careciendo de suficientes palabras para corregir al articulado hemisferio izquierdo, continuaba el diálogo haciendo que el paciente sacudiera la cabeza. Como respuesta, el hemisferio izquierdo (verbal) se preguntaba en voz alta: «¿Por qué estoy sacudiendo la cabeza?»

En otro experimento, que demostró que el hemisferio derecho es superior en los problemas espaciales, se le dieron al sujeto varias piezas de madera, que tenía que disponer según un cierto diseño. Los intentos realizados con la mano derecha (hemisferio izquierdo) fallaron una y otra vez. El hemisferio derecho, mientras tanto, trataba de ayudar. La mano derecha apartaba a la mano izquierda, y finalmente, el sujeto tuvo que sentarse sobre la mano izquierda para impedir que siguiera tratando de intervenir. Cuando por fin se le permitió usar las dos manos fue la izquierda la que tuvo que apartar a la «torpe» mano derecha para evitar sus interferencias.

Como resultado de estos asombrosos descubrimientos, sabemos ahora que a pesar de que sigamos sintiéndonos un solo ser, nuestros cerebros son dobles, y cada mitad tiene su propia forma de conocimiento, su propia manera de percibir la realidad externa. Podríamos decir, en cierto modo, que cada uno de nosotros tiene dos mentes, dos conciencias, conectadas e integradas por el cable de fibras nerviosas que une ambos hemisferios.

Sabemos que los dos hemisferios pueden colaborar de diversas maneras. A veces cada mitad coopera con la otra aportando sus habilidades especiales y haciéndose cargo de la parte de la tarea más adecuada a su modo de procesar la información. En otras ocasiones, los hemisferios trabajan por separado; cuando una mitad entra en acción, la otra mitad queda más o menos desactivada. Y parece que también puede haber conflicto entre los hemisferios, cuando uno de ellos intenta hacer lo que el otro «sabe» que puede hacer mejor. Además, parece que cada hemisferio tiene una manera de «ocultar» conocimientos al otro. Puede que sea verdad el viejo dicho, y que la mano derecha no sepa realmente lo que está haciendo la izquierda.

Fig. 3-4. Esquema del método empleado para estudiar las asociaciones visual-táctiles en los pacientes con cerebro dividido. Adaptado de Michael S. Gazzaniga, «The Spiit Brain in Man».

La doble realidad de los pacientes con cerebro dividido

El lector quizás se está preguntando «¿Pero qué tiene todo esto que ver con aprender a dibujar?» Las recientes investigaciones sobre las funciones de los hemisferios cerebrales humanos y sobre el procesamiento de la información visual, indican que la habilidad para el dibujo puede depender del acceso a las facultades del hemisferio «secundario», el derecho; de si se es capaz de «desconectar» el hemisferio izquierdo para activar el derecho. ¿Cómo puede esto ayudar a dibujar? Parece que el hemisferio derecho procesa la información visual del modo necesario para dibujar, mientras que el hemisferio izquierdo la percibe de maneras que parecen interferir con el dibujo.

PISTAS DEL LENGUAJE

Haciendo un poco de retrospección, nos damos cuenta de que los seres humanos siempre han debido tener una cierta noción de las diferencias entre las mitades del cerebro, ya que nuestro lenguaje contiene numerosas palabras y expresiones que sugieren, por ejemplo, que el lado izquierdo de una persona tiene características diferentes. «Tener mucha mano izquierda», «no hacer nada a derechas», y otras expresiones por el estilo, indican parte de las diferencias de carácter que atribuimos a la derecha y la izquierda.

Hay que tener presente que estas expresiones se refieren generalmente a las manos, pero a causa del cruzamiento de las vías nerviosas puede inferirse que también aluden al hemisferio cerebral que controla la mano. Así pues, los ejemplos citados en el párrafo siguiente se refieren específicamente a las manos derecha e izquierda, pero también, indirectamente, a los hemis­ferios cerebrales opuestos: el derecho, conectado con la mano izquierda, y el izquierdo conectado con la mano derecha.

Tendenciosidad en el lenguaje y las costumbres

La palabras y expresiones que implican conceptos de derecha e izquierda abundan en nuestro lenguaje y nuestro pensamiento. La mano derecha (y por lo tanto también el hemisferio izquierdo) está fuertemente asociada con lo que es bueno, justo, moral, adecuado. La mano izquierda (y por lo tanto, el hemisferio derecho) se relaciona con conceptos anárquicos y sentimientos que están fuera del control consciente, a veces malos, inmorales o peligrosos.

Hasta hace muy poco, la antigua predisposición en contra de la mano izquierda/hemisferio derecho hacía que los padres y maestros de niños zurdos trataran de forzar a éstos a usar la mano derecha para escribir, comer, etc., lo cual ocasionaba con frecuencia problemas que se prolongaban hasta la edad adulta.

A lo largo de la historia humana han aparecido en casi todos los idiomas términos con connotaciones de bondad para la mano derecha/hemisferio izquierdo, y con connotaciones demaldad para la mano izquierda/hemisferio derecho. La palabra izquierdo en latín es sinister, de donde se deriva «siniestro», con todas sus implicaciones. En cambio, la palabra derecho en latín es dexter, de donde se deriva «destreza», como sinónimo de habilidad.

En francés, la palabra «izquierdo» es gauche, que también significa «torpe», y de donde se deriva la palabra inglesa «gawky» (torpe, palurdo). Sin embargo, derecho es droit, que significa también «bueno», «justo».

En inglés, la palabra left (izquierdo) viene del anglosajón lyft, que significa «débil» o «inútil». De hecho, en la mayoría de las personas diestras, la mano izquierda es más débil que la derecha, pero el término original implicaba también la falta de fuerza moral. El significado despectivo de la palabra puede reflejar un prejuicio de la mayoría de la población contra la minoría de zurdos, que eran «diferentes». Reforzando esta tendencia, la palabra ríght (derecho) significa también «justo» o «correcto», lo mismo que el término anglosajón originario, reht, que significa «derecho», «recto» y «justo». De reht y del latín rectus derivan las palabras «correcto» y «rectitud».

Estas ideas afectan también a nuestro pensamiento político. En política, la derecha admira el poder nacional, es conservadora y se resiste al cambio. La izquierda, por el contrario, admira la autonomía individual y estimula el cambio, a veces incluso radical. En sus extremos, la derecha es fascista y la izquierda anarquista.

En el contexto de las costumbres culturales, el lugar de honor en una comida formal es a la derecha del anfitrión. En las bodas, el novio se sitúa a la derecha y la novia a la izquierda, como mensaje no verbal del estatus relativo de los dos participantes. Al saludar, damos la mano derecha, y parece incorrecto ofrecer la izquierda.


Nasrudin estaba sentado con un amigo cuando empezó a anochecer. «Enciende una vela», dijo el amigo, «porque está oscureciendo. Hay una justo a tu izquierda». «¿Y cómo voy a distinguir la derecha de la izquierda en la oscuridad, so tonto?», preguntó el Mulla.

Indries Shah
The Exploits of the Incomparable Mulla Nasrudin

Lo «izquierdo» es sinónimo de torpeza, malicia, insinceridad, mientras que lo «derecho» se asocia con lo justo, necesario, digno de confianza. Pero lo importante es darse cuenta de que todos estos términos fueron creados, en el origen de las lenguas, por los hemisferios izquierdos de algunas personas. ¡El hemisferio izquierdo estaba insultando al derecho! Y el derecho, marcado, señalado y obligado a callar, carecía de un lenguaje propio para defenderse.


Formas paralelas de conocimiento

intelecto intuición
convergente divergente
digital analógico
secundario primario
abstracto concreto
dirigido libre
orientado imaginativo
analítico relacionador
lineal no lineal
racional intuitivo
secuencial múltiple
analítico holístico
objetivo subjetivo
sucesivo simultáneo
J. E. Bogen
«Some educational aspects
of Hemisphere Specialization»


La dualidad del Yin y el Yang
Yin Yang
femenino masculino
negativo positivo
luna sol
oscuridad luz
receptivo agresivo
izquierdo derecho
calor frío
otoño primavera
invierno verano
inconsciente consciente
hemisferio
derecho
hemisferio
izquierdo
emoción razón
I Ching, o Libro de los Cambios
obra Taoísta china

DOS FORMAS DE CONOCIMIENTO

Además de las connotaciones contrarias de izquierda y derecha en el lenguaje, los filósofos, maestros y científicos de muchas épocas y culturas diferentes han postulado ideas sobre la dualidad de la naturaleza y el pensamiento humanos. La idea clave es la de que existen dos formas paralelas de conocimiento.

Probablemente, el lector esté familiarizado con estas ideas. Lo mismo que los términos izquierda y derecha, han impregnado nuestro lenguaje y nuestra cultura. Se han establecido, por ejemplo, divisiones entre el pensamiento y el sentimiento, el intelecto y la intuición, el análisis objetivo y la visión subjetiva. Los comentaristas políticos aseguran que generalmente la gente analiza los puntos buenos y malos de un programa, y después votan lo que les dictan sus glándulas. La historia de la ciencia está repleta de anécdotas acerca de investigadores que trataron repetidamente de resolver un problema, hasta que la respuesta se les reveló en sueños, en forma de metáfora que el científico comprendió intuitivamente. La cita de Poincaré (abajo) es un buen ejemplo de este proceso.


El matemático del siglo XIX Henri Poincaré describió así una intuición repentina que le proporcionó la solución a un difícil problema:
«Una noche, en contra de mis costumbres, bebí café negro y no podía dormirme. Las ideas se amontonaban en mi mente. Las sentía chocar, hasta que empezaron a juntarse por parejas, formando una combinación estable.» (Este extraño fenómeno dio lugar a la intuición que resolvió el problema. Poincaré continuó) «Parece que en estos casos uno puede contemplar el funcionamiento de su subconsciente, que se hace parcialmente perceptible a la conciencia sobreexcitada, sin por ello alterar su naturaleza. Entonces nos damos vagamente cuenta de lo que distingue los dos mecanismos, o si quieren, los métodos de trabajo de los dos egos.»


En otro contexto, muchas veces se dice de alguien «Lo que dice suena bien, pero algo me dice que no me fíe de él»; o bien, «No puedo explicarlo con palabras, pero hay algo que me gusta (o que me disgusta) en esa persona». Estas, declaraciones son observaciones intuitivas de que ambos lados del cerebro están en funcionamiento, procesando la misma información de dos maneras diferentes.

LOS DOS MODOS DE PROCESAR LA INFORMACIÓN

Dentro de nuestra cabeza tenemos un cerebro doble con dos formas de conocimiento. Las características diferentes de cada mitad del cerebro (y del cuerpo), expresadas intuitivamente en nuestro lenguaje, tienen una base real en la fisiología del cerebro humano. Al existir unas fibras de conexión, raramente experimentamos a nivel consciente los conflictos manifestados en los pacientes con cerebro dividido.

No obstante, ambos hemisferios reciben la misma información sensorial, aunque cada uno maneje la información de manera diferente. Es posible que la tarea se divida entre los dos, haciéndose cargo cada uno de la parte más adecuada a su estilo. O puede que un hemisferio -a menudo, el izquierdo o dominante- inhiba la reacción del otro. El hemisferio izquierdo analiza, abstrae, cuenta, mide el tiempo, planea procedimientos paso a paso, verbaliza, hace declaraciones racionales basadas en la lógica. Por ejemplo, «Dados los números a, b, y c, podemos decir que si a es mayor que b, y b es mayor que c, entonces a es necesariamente mayor que c». Esta afirmación ilustra el modo de proceder del hemisferio izquierdo: un modo analítico, verbal, numérico, secuencial, simbólico, lineal y objetivo.

Por otra parte, tenemos una segunda forma de conocimiento: la del hemisferio derecho. Con él podemos ver cosas que son imaginarias -existen sólo en el «ojo de la mente»- o reconstruir cosas reales (¿puede usted reproducir en su mente la imagen de la puerta de su casa?). Vemos las cosas en el espacio, y cómo se combinan las partes para formar el todo. Gracias al hemisferio derecho, entendemos las metáforas, soñamos, creamos nuevas combinaciones de ideas. Cuando algo es demasiado complicado para describirlo hacemos gestos para comunicar la impresión. El psicólogo David Galin tiene un ejemplo favorito: trate usted de describir una escalera de caracol sin hacer un gesto espiral con la mano. Y usando el hemisferio derecho somos Capaces de dibujar imágenes de nuestras percepciones.


El Dr. J. William Bergquist, matemático y especialista en el lenguaje APL de computadora, declaró en un artículo publicado en Snowmass, Colorado, en 1977, que pronto aparecerán computadoras que combinen en una sola máquina las funciones digitales y analógicas. El Dr. Bergquist llama a este tipo de máquina «La computadora bifurcada», y afirma que dicha computadora funcionaría de manera similar a las dos mitades del cerebro humano.


«El hemisferio izquierdo analiza en el tiempo, mientras que el derecho sintetiza en el espacio.»

Jerre Levy
«Psychobiological Implications of Bilateral Asymmetry»

La respuesta repentina

Con el modo de procesar la información usado por el hemisferio derecho, se producen llamaradas de intuición, momentos en los que «todo parece encajar» sin tener que explicar las cosas en un orden lógico. Cuando esto ocurre, uno suele exclamar espontáneamente «¡Ya lo tengo!» o «¡Ah, sí, ahora lo veo claro!» El ejemplo clásico de este tipo de exclamación es el exultante «Eureka» (¡lo encontré!) atribuido a Arquímedes. Según la historia, Arquímedes experimentó una súbita iluminación mientras se bañaba, que le permitió formular su principio de usar el peso del agua desplazada para deducir el peso de un objeto sólido sumergido.

Este es el estilo del hemisferio derecho: intuitivo, subjetivo, relacionador, holístico, intemporal. Es también el modo desmadejado, débil, izquierdoso, que nuestra cultura ha tendido a ignorar. Por ejemplo, la mayor parte de nuestro sistema educativo está dirigido a cultivar la parte verbal, racional y temporal del hemisferio izquierdo, dejando olvidado medio cerebro de cada estudiante.


Muchas personas creativas parecen tener una conciencia intuitiva de la distinción entre los lados del cerebro. Por ejemplo, Rudyard Kipling escribió el siguiente poema, titulado «Los dos lados del hombre», hace más de cincuenta años:

Mucho debo a la tierra en que crecí
Más aún a las Vidas que me nutrieron
Pero sobre todo a Allah, que me dio dos lados distintos en mi cabeza.

Mucho reflexiono sobre el bien y la Verdad
en las fes que hay bajo el sol Pero sobre todo pienso en Allah, que me dio dos lados en mi cabeza, no uno.
Antes me quedaría sin camisa ni zapatos, sin amigos, tabaco o pan que perder por un minuto los dos lados distintos de mi cabeza.

Rudyard Kipling

«Al acercarme a los cuarenta, tuve un curioso sueño en el que casi capté el significado y comprendí la naturaleza de qué es lo que se pierde en el tiempo perdido.»

Cyril Connolly
The Unquiet Grave:
A word cycle by Palinuris

MEDIO CEREBRO ES MEJOR QUE NADA, PERO UN CEREBRO ENTERO SERIA MEJOR

Con sus clases seriadas, verbales y numéricas, los colegios a los que todos hemos asistido no podían enseñarnos el modo de conocimiento del hemisferio derecho. Después de todo, este hemisferio no tiene muy buen control verbal. No se puede razonar con él. No se le puede hacer que diga algo lógico, tal como «esto es bueno y esto es malo, por las razones a, b y c». Es izquierdoso, siniestro, zurdo, con todo lo que implican estas palabras. No se le dan bien las secuencias: empezar por el principio, dar el siguiente paso, y luego el siguiente. El empieza en cualquier parte o lo hace todo a la vez. Además, el hemisferio derecho no tiene un buen sentido del tiempo y no parece comprender lo que se entiende por «perder el tiempo», como hace el sensato hemisferio izquierdo. El hemisferio derecho no vale para clasificar ni para poner nombres. Parece considerar las cosas tal como son en el momento presente, con toda su fascinante complejidad. No sirve para analizar ni para abstraer las características más salientes.

Aún hoy en día, a pesar de que los educadores son cada vez más conscientes de la importancia del pensamiento intuitivo y creativo, los sistemas escolares en general siguen estructurados al modo del hemisferio izquierdo. La enseñanza es secuencial: los estudiantes progresan ascendiendo grados (cursos) en una dirección lineal. Las principales materias de estudio son verbales y numéricas: lectura, escritura, aritmética. Se siguen horarios estrictos. Los pupitres están ordenados en filas. Se pregunta y se responde. Se entregan diplomas. Y todo el mundo tiene la sensación de que algo anda mal.

El cerebro derecho -el soñador, el artífice, el artista- se pierde casi totalmente en nuestro sistema educativo. Puede que haya unas pocas clases de arte, algún que otro taller, algo llamado «escritura creativa» y quizás cursos de música. Pero es muy improbable que encontremos cursos de imaginación, de visualización, de percepción espacial, de creatividad como tema aparte, de intuición, de inventiva. Sin embargo, los educadores valoran estas cualidades y aparentemente esperan que los estudiantes desarrollen la imaginación, la percepción y la intuición como consecuencia natural del un entrenamiento verbal y analítico.

Afortunadamente, este desarrollo se produce a menudo, casi a pesar del sistema escolar; hay que descubrirse ante la capacidad de supervivencia del cerebro derecho. Pero nuestra cultura tiende de tal modo a recompensar las habilidades, del cerebro izquierdo que sin duda estamos perdiendo una gran proporción de la capacidad potencial del cerebro de nuestros niños. La científica Jerre Levy ha dicho -sólo en parte como broma- que el sistema americano de educación científica puede desfruir por completo el hemisferio derecho. Desde luego, conocemos muy bien los efectos de una educación inadecuada en el aspecto verbal y numérico: el hemisferio izquierdo nunca parece recuperarse del todo, y el estudiante puede quedar retrasado de por vida. ¿Qué le ocurre entonces al hemisferio derecho, que prácticamente no recibe ninguna atención?

Tal vez ahora que los neurofisiólogos han aportado una base teórica podamos empezar a construir un sistema escolar que enseñe a todo el cerebro. Este sistema tendría necesariamente que incluir el dibujo, que es un modo eficaz para ganar acceso a las funciones del hemisferio derecho.

IMAGINANDO CON EL HEMISFERIO DERECHO

Una de las habilidades más maravillosas del lado derecho del cerebro es imaginar: ver una imagen con los ojos de la mente. El cerebro puede conjurar una imagen y después «mirarla» como si realmente estuviera allí. Suele llamarse a esto visualizar, aunque para mí la palabra visualizar lleva consigo la idea de una imagen en movimiento, mientras que imaginar parece referirse a una imagen inmóvil.

Visualizar e imaginar son dos componentes importantes de la capacidad para el dibujo. Para dibujar algo, el artista mira el modelo, lo «fotografía» con la mente, mantiene la imagen en la memoria y después mira al papel y dibuja. Otra mirada, otra imagen fijada, más dibujo, y así sucesivamente.


«Para que la supervivencia biológica sea posible, la Mente en Libertad tiene que canalizarse a través de las válvulas del cerebro y el sistema nervioso. Lo que sale por el otro extremo es un insignificante chorrito de conciencia, de la clase de conciencia que nos ayuda a mantenernos vivos en la superficie de este planeta. Para formular y expresar los contenidos de esta conciencia reducida, el hombre ha inventado y perfeccionado constantemente los sistemas de símbolos e implícitas filosofías que llamamos lenguajes.

Aldous Huxiey
Las puertas de la percepción

Como ilustración de este funcionamiento he dispuesto unos breves ejercicios preliminares para demostrar el poder de la imaginación como herramienta para comprender y recordar una información compleja. Para simplificar la terminología, utilizaré los términos «modo-I» y «modo-D» en el resto del libro. La imaginación hará que estos términos tengan más sentido.

Primero: Tome una «fotografía» mental de estas dos imágenes gráficas:

modo-I modo-D
El modo-I es el diestro, correcto, recto, sensato, directo, sincero, definido, serio, eficaz, del hemisferio izquierdo.
El modo-D es el zurdo, sinuoso, flexible, juguetón, con giros inesperados, más complejo, diagonal, frivolo, del hemisferio derecho.

Con estas dos imágenes pretendo designar las dos formas de conciencia, en las que parece predominar uno u otro modo de procesar la información. En todo tipo de actividad, el cerebro utiliza ambos hemisferios, a veces alternándose en el papel director, otras veces encargándose cada uno de parte de la tarea. El modo-I es predominantemente lineal, verbal, simbólico y analítico, como se indica en el recuadro de la izquierda. El modo-R es predominantemente espacial, holístico, no verbal e intuitivo.

Para comprender mejor las instrucciones sobre el dibujo que se dan a continuación, conviene entender bien estos dos modos. Así pues, le proponemos estos ejercicios de imaginación:

1. Imagine la letra I, cuadrada y negra. Véala en su mente, con sus trazos rectos y perpendiculares. Agrande la imagen, añadiendo otra forma para poder comparar los tamaños: imagine la I tan grande como una pirámide o un rascacielos. Ahora véala en color, cualquier color. A continuación, añada a la I, del modo que usted quiera, las características del modo-I: palabras, números, tiempo, ecuaciones matemáticas, esquemas, mapas, libros; tal vez imágenes de matemáticos, juristas, científicos, contables. Las imágenes pueden ser las que usted quiera. Las recordará mejor y más tiempo si las crea usted mismo. Lo más importante de todo es localizar el modo-I en la propia cabeza, colocando la mano (cualquiera de las dos manos) en el lado izquierdo del cráneo: reduzca el tamaño de la imagen, e imagine que está usted metiendo la imagen del modo-I en la mitad izquierda del cerebro.

2. Imagine ahora la D sinuosa. Véala en la mente con sus complejas curvas. Agrándela o hágala más pequeña, si quiere. Añada otras formas para poder ver la relación de tamaños. Luego, atribuya a la D las funciones características del estilo del hemisferio derecho: tal vez imágenes de personas pintando, dibujando, tocando música, esculpiendo, soñando sin pensar en el tiempo. Esto puede fatigar sus poderes imaginativos, porque estas funciones son menos claras -como es típico del hemisferio derecho-. ¿Cómo imagina usted la ausencia de tiempo? Tal vez, como Dalí, en forma de reloj sin esfera. ¿Cómo imaginan los análogos, cosas que son equivalentes? ¿Cómo imagina la inspiración instantánea? Tómese algún tiempo, hasta que pueda conjurar una imagen mental del modo-D. Luego coloque la mano sobre el lado derecho de la cabeza e imagine el modo-D entrando en la mitad derecha de su cerebro.

Ahora, cambie las imágenes al lado contrario: el matemático, el científico, etc., pasan a través del Corpus callosum hasta el modo-D, para imaginar y soñar nuevas invenciones; el artista y el músico pasan al modo-I para analizar problemas estéticos.

3. Haga esto varias veces, hasta que pueda sentir el paso de una imagen a la otra, primero al lado izquierdo del cerebro con la imagen-I, luego al lado derecho con la imagen-D. Esta práctica del paso mental de I a D le ayudará durante los ejercicios de dibujo, permitiéndole pasar al modo-R, que es el del dibujo.


El científico ruso Leonid Ponomarev ha descrito elocuentemente las dos formas de conocimiento:
«Sabemos desde hace mucho que la ciencia no es más que uno de los métodos para estudiar el mundo que nos rodea. Otro método -complementario- es el del arte. La existencia conjunta del arte y la ciencia es en sí misma una buena ilustración del principio de complementación. Uno puede dedicarse completamente a la ciencia o vivir exclusivamente a través del arte. Ambos puntos de vista son igualmente válidos, pero tomados por separado son incompletos. La columna vertebral de la ciencia la constituye la lógica y el experimento. La base del arte es la intuición y la penetración. Pero el arte del ballet requiere una precisión matemática y, tal como escribió Pushkin, «La inspiración es tan necesaria en geometría como en poesía». Ambas se complementan, en lugar de contradecirse. La verdadera ciencia es afín al arte, del mismo modo que el verdadero arte siempre incluye elementos de ciencia. Reflejan aspectos diferentes y complementarios de la experiencia humana, y sólo nos dan una idea completa del mundo cuando se utilizan juntos. Por desgracia, no conocemos la «relación de incertidumbre» para el par conjugado de conceptos «ciencia y arte». Por eso no podemos asegurar el grado de perjuicio que sufrimos a causa de una percepción unilateral de la vida.»

Leonid Ponomarev
En busca del Quantum

IMAGINE LAS CONEXIONES CRUZADAS: CEREBRO Y CUERPO

Los ejercicios de dibujo que le ayudarán a ganar acceso al modo-D resultarán más eficaces si entiende usted claramente el cruce de conexiones entre las mitades del cerebro y las mitades del cuerpo. Realizando estos ejercicios podrá evocar fácilmente una imagen de estas conexiones, sin tener que pensar en ellas con palabras.

Comparación de las características del modo-izquierdo y el modo-derecho
modo-I modo-D
Verbal: Usa palabras para nombrar, describir, definir.
No verbal: Es consciente de las cosas, pero le cuesta relacionarlas con palabras.
Analítico: Estudia las cosas paso a paso y parte a parte.
Sintético: Agrupa las cosas para formar conjuntos.
Simbólico: Emplea un símbolo en representación de algo. Por ejemplo, el dibujo significa ojo; el signo + representa el proceso de adición.
Concreto: Capta las cosas tal como son, en el momento presente.
Abstracto: Toma un pequeño fragmento de información y lo emplea para representar el todo.
Analógico: Ve las semejanzas entre las cosas; comprende las relaciones metafóricas.
Temporal: Sigue el paso del tiempo, ordena las cosas en secuencias: empieza por el principio, etc.
Atemporal: Sin sentido del tiempo.
Racional: Saca conclusiones basadas en la razón y los datos.
No racional: No necesita una base de razón, ni se basa en los hechos, tiende a posponer los juicios.
Digital: Usa números, como al contar.
Espacial: Ve donde están las cosas en rela­ción con otras cosas, y como se combinan las partes para formar un todo.
Lógico: Sus conclusiones se basan en la lógica: una cosa sigue a otra en un orden lógico. Por ejemplo, un teorema matemático o un argumento razonado.
Intuitivo: Tiene inspiraciones repentinas, a veces basadas en patrones incompletos, pistas, corazonadas o imágenes visuales.
Lineal: Piensa en términos de ideas encadenadas, un pensamiento sigue a otro, llegando a menudo a una conclusión convergente.
Holístico: Ve las cosas completas, de una vez; percibe los patrones y estructuras genera­les, llegando a menudo a conclusiones divergentes.

1. Imagine las conexiones entre su hemisferio izquierdo y la mitad derecha de su cuerpo. Puede imaginar las conexiones con la forma que usted quiera: tubos, corrientes eléctricas, cables, lo que sea. Ahora imagínelas en color, azul o rojo, por ejemplo, yendo desde el cerebro izquierdo a todas las partes del lado derecho de su cuerpo.

2. Pase al otro lado. Imagínese las conexiones entre su hemisferio derecho y la mitad izquierda de su cuerpo, en un color diferente; por ejemplo, verde o amarillo.

3. Imagínese ahora todo el sistema y el cruce de las conexiones.


En respuesta a una pregunta de Jacques Hadamard sobre los métodos de trabajo de los matemáticos, Albert Einstein le escribió una carta en la que decía:
«Las palabras o el lenguaje, tal como se dicen y se escriben, no parecen tener ningún papel en mi mecanismo de pensar. Las entidades físicas que parecen servir como elementos del pensamiento son ciertos signos e imágenes más o menos claras, que se pueden reproducir y combinar “voluntariamente”.»

Jacques Hadamard
The Psychology of Invention in
the Mathematical Field

Bob Samples, profesor, escritor y filósofo humanista, ofrece un ejercicio de imaginación en su libro sobre la enseñanza The Wholeschool Book:
«Supongamos por un momento que cada uno de nosotros tiene en la cabeza no sólo un prado, sino dos. Dos prados claramente diferentes. Desde luego, como ambos son prados, tienen algunas cualidades en común. Pero aún así existen diferencias apreciables entre ellos. Para que queden bien separados, visualicemos un río ancho y rápido que corre entre los dos. Eso es, un río que fluye de un hemisferio al otro.
«Lo más asombroso de este río es que fluye en ambas direcciones a la vez. La sustancia de un prado puede pasar instantáneamente al otro. Sin embargo, en cuanto llega, se transforma adaptándose a la ecología del nuevo prado.»


EL TELAR ENCANTADO

Una de las más famosas imágenes verbales del cerebro es la del científico inglés sir Charles Sharrington, que lo comparó a «un telar encantado donde millones de lanzaderas tejen una trama que se disuelve, siempre con diseños significativos, pero nunca permanentes…»

1. Visualice en su mente el telar mágico que hay dentro de su cabeza, con sus millones de lanzaderas moviéndose en una parte del cerebro, disolviéndose, oscureciéndose, pasando a otra parte, siguiendo un patrón que cambia constantemente; brillando y apagándose, brillando y apagándose.

2. Imagine ahora que puede usted controlar el diseño, haciendo que las lanzaderas se concentren en una parte, luego se disuelvan y se reúnan en otra parte. Imagine que estos agrupamientos, primero en un sitio y después en otro, causan una sensación física en su cabeza, un ligero cambio de presión, un minúsculo desplazamiento de peso, un ligero calentamiento o enfriamiento, un leve zumbido.

Contemplando el telar

Los psicólogos han informado de que muchos individuos parecen ser capaces de «echarse hacia atrás» y contemplar sus diversos estados mentales, como si estuvieran mirando el funcionamiento de sus cerebros. Estos ejercicios de imaginación y algunos de los ejercicios de dibujo le ayudarán a desarrollar este «observador oculto», haciéndole más consciente de los cambios de estado mental. Esto, a su vez, le ayudará a «activar» el modo-D, que permite a los artistas ver y dibujar.


El psicólogo Charles T. Tart, comentando los estados alternativos de conciencia, ha dicho: «Muchas disciplinas de meditación parten de la base de que uno posee (o puede desarrollar) un Observador sumamente objetivo respecto a la personalidad ordinaria. Dado que el Observador es esencialmente pura atención/conciencia, no tiene características propias.» El profesor Tart continúa diciendo que algunas personas que afirman tener un Observador bien desarrollado «sienten que este Observador puede hacer observaciones esencialmente continuas, no sólo en un estado particular de conciencia, sino también durante la transición de uno a otro estado.»

Charles T. Tart
«Putting the pieces together»

«En prosa, lo peor que uno puede hacer con las palabras es rendirse a ellas. Cuando pensamos en un objeto concreto lo hacemos sin palabras, y después, si uno quiere describir el objeto que ha estado visualizando, probablemente buscará hasta encontrar la palabra exacta que encaja con él. Al pensar en algo abstracto uno se siente más inclinado a emplear palabras desde el principio, y a menos que se haga un esfuerzo consciente por impedirlo, el dialecto más corriente llegará a toda prisa para hacerse cargo de la tarea, a riesgo de confundir e incluso cambiar el significado de las ideas. Probablemente, lo mejor es evitar el uso de palabras durante el mayor tiempo posible, para dejar claras las ideas a base de imágenes o sensaciones.»

George Orweil
«Politics and the English Language»

COMO PREPARAR LAS CONDICIONES PARA EL CAMBIO ID

Los ejercicios del capítulo siguiente están ideados especialmente para provocar un paso mental del modo-I al modo-D. La premisa básica de los ejercicios es que la naturaleza de la tarea a realizar puede contribuir a decidir cuál de los dos hemisferios se hará cargo de dicha tarea, inhibiendo al otro. Como ya he dicho, los científicos opinan que los hemisferios pueden alternarse en su actuación, o funcionar al unísono pero con uno de los dos controlando la acción. La cuestión es: ¿qué factores determinan cuál de los dos hemisferios estará activado y/o en el puesto de control?

modo-I modo-D

Los estudios con animales, pacientes de cerebro dividido e individuos con cerebros intactos parecen indicar que la cuestión del control puede decidirse de dos maneras principales. Un criterio es la velocidad: ¿cuál de los dos hemisferios llega antes a la tarea? Y el segundo es la motivación: ¿cuál de los hemisferios está más interesado en la tarea? O bien al revés: ¿a qué hemisferio le desagrada más o le interesa menos la tarea?

Dado que dibujar una forma observada es principalmente una función del hemisferio derecho, debemos mantener apartado al izquierdo. Nuestro problema es que el lado izquierdo es dominante y rápido, y muy propenso a apresurarse con palabras y símbolos, haciéndose cargo incluso de tareas para las que no está muy capacitado. Los estudios del cerebro dividido indicaban que al hemisferio izquierdo le gustaba ser el jefe, prefiriendo no confiar las tareas a su socio más torpe, a menos que le desagradasen especialmente, bien por necesitar mucho tiempo, por ser demasiado lentas o detalladas, o por ser simplemente incapaz de realizarlas. Eso es exactamente lo que necesitamos: tareas que el hemisferio dominante rechace. Los ejercicios están diseñados para presentar al cerebro una tarea que el hemisferio izquierdo no pueda o no quiera hacer.

Mano izquierda o mano derecha

Puede que resulte útil discutir la cuestión de los dibujantes zurdos y su funcionamiento hemisférico antes de iniciar las instrucciones. Los estudiantes hacen muchas preguntas sobre este tema en mis clases. Trataré de responder a las principales, aunque los estudios científicos sobre la materia parecen algo contradictorios.

Parece claro que entre el 5 y el 12 por ciento de la población de Occidente son zurdos en mayor o menor grado. Esto parece suceder también en otras culturas, pero existe cierta evidencia de que en la antigüedad y en la prehistoria el predominio de la mano derecha era menor.

En otros tiempos se pensó que los individuos zurdos tenían una organización cerebral invertida con respecto a los diestros: sus funciones verbales (lenguaje, escritura, etc.) estarían en el hemisferio derecho. Pero las investigaciones más recientes indican que no es así, y que la mayoría de los zurdos tienen las funciones verbales en el hemisferio izquierdo, como el resto de las personas. Una excepción podrían ser los zurdos hijos de madres zurdas, que quizás tengan las funciones verbales en el hemisferio derecho.

No está nada claro que el ser zurdo favorezca la facultad de acceder a las funciones del hemisferio derecho, como el dibujo. Una cosa que sí parece clara -y es una cuestión que se plantea a menudo en mis clases- es que dibujar con la mano izquierda (cuando se suele hacer con la derecha) no sirve para conectar con los procesos del hemisferio derecho. Los problemas de visión que impiden a una persona dibujar bien no desaparecen simplemente cambiando de mano; lo único que se consigue es que el dibujo sea aún peor. Y, por el contrario, una persona que sepa dibujar puede hacerlo con la mano derecha, con la izquierda, sujetando el lápiz con los dientes, o -con los dedos de los pies si es necesario, porque esa persona ha aprendido a ver.

En los capítulos siguientes, las instrucciones están dirigidas a personas que usan la mano derecha, pero también sirven para personas zurdas, a menos que sus madres lo fueran también. Para estos pocos, las instrucciones referentes a la función hemisférica deben invertirse.